segunda-feira, 7 de maio de 2012

Carmen Villazón

Carmen Villazón - Bolívia - 1952

Carmen Villazón nació en la provincia Vallegrande, en el departamento de Santa Cruz, el año 1952. Ha realizado numerosas exposiciones dentro y fuera del país. Recibió el primer premio de pintura al óleo en la Bienal Humberto Vázquez Machicado de su ciudad natal en el año 1979. En 1986, participó en la Segunda Bienal de La Habana, Cuba. Su obra figura en La Enciclopedia de Arte Primitivo (World-Enciclopedy of Naive Art, 1984, Belgrado-Yugoslavia), (página 593).

Por algún tiempo estudió con el profesor húngaro Jorge Rózsa, (en realidad sólo asistió seis meses a la Escuela de Bellas Artes cruceña, puesto que ésta fue finalmente clausurada por el golpe militar banzerista en 1971). Pero, pese a no ser del todo autodidacta, por su particular personalidad irreverente se alejó rápidamente del riguroso academicismo impuesto por dicha escuela y probó suerte en esta corriente estética dejándose llevar por su intuición hasta definir el estilo definitivo que caracteriza su obra actual.

En el ámbito del arte universal, el exponente naif por excelencia fue el artista francés Henri Rousseau (1844-1910), quien encontró en la naturaleza una fecunda fuente de inspiración. En nuestro continente, uno de los más destacados impulsores del mismo fue el argentino Cándido López (1840-1902), quien se abstraía de tanta tensión cuando retrataba en sus cuadros crudas escenas bélicas.

Carmen Villazón es indudablemente la artista que expresa con mayor elocuencia el verdadero arte naif entre todos sus coetáneos no sólo en Santa Cruz, sino en todo el país, puesto que sus lienzos hacen referencia a una simplicidad de espíritu que hacen transitar su arte mas allá de la parte formal. El arte naif –término de origen francés que significa literalmente “ingenuo”– es aquel que carece de oficio técnico, donde no prevalece el uso de una composición coherente, tampoco respeta las perspectivas lineales exigidas en una obra de arte de naturaleza académica. No tiene tampoco el dibujo eximio propio de un maestro o un extraordinario manejo del color. Villazón pinta sus figuras de contornos definidos y precisos con colores simples, muy brillantes, altamente contrastados y puros.

Su obra figurativa recorre la vida social del habitante citadino y provinciano cruceño a través de una figuración que capta muy bien sus características físicas pero por sobre todo el perfil psicológico de éste: su ingenuidad, sencillez y espontaneidad. También encontramos plasmados en algunos cuadros los conocidos "agachaus" cruceños, ubicados en una zona aledaña al Avión Pirata, (una antigua mole de chatarra devenida en monumento, tan original como pintoresca y que a su vez está situada sobre una céntrica avenida de la también llamada: "Ciudad de los anillos"), sitio que congrega en sus alrededores al proletariado urbano cruceño que, en un pequeño intervalo dentro de su jornada laboral, concurre cotidianamente para deleitarse con el sabor de una comida "bien camba".

Por otro lado, en las zonas periurbanas cruceñas o en las provincias del departamento (sobre todo en su Vallegrande natal) avistamos los tradicionales "buris", donde no faltan la cerveza ni las entusiastas parejas de bailarines que se entregan a la melodía de aquella improvisada banda conformada por los vecinos del lugar, que en ciertas ocasiones hasta suele desafinar alguna nota a causa de los tragos demás, o una más sencilla y tradicional (pero no menos alegre) tamborita. En la pieza titulada "Karaoke TKP", dos mormones, Biblia en mano, la piensan dos veces antes de ingresar a impartir su doctrina en algún "antro bohemio-suburbial" de nuestra ciudad, donde imperan el trago, la lujuria y el descontrol.

Si bien la artista vallegrandina conserva el carácter anecdótico y evocativo de su antecesor Armando Jordán, es en ocasiones crítica con su entorno (por contradictorio que parezca al sentido real del verdadero arte naif). Esto es evidente en la pieza titulada "Los pasos de Simón" (2006), donde expresa ciertas posturas políticas al retratar al mismísimo Libertador venezolano empuñando su espada mientras levita sentado sobre su caballo decidido a conquistar lo que parece ser un mundo cósmico.

Junto a él aparecen Evo, con su famoso suéter rojo combinado con rayas azules, Hugo Chávez y un grupo de ciudadanos que representan a diversas etnias y regiones de nuestro país y enarbolan orgullosos las banderas de lucha con la imagen recurrente de un Che Guevara además de la simbólica y colorida wiphala. Como imagen de fondo avizoramos las cumbres nevadas del majestuoso Illimani que complementa la curiosa representación.

Es que la oriunda de Vallegrande imprime en cada trabajo su propio sello, uno similar a la curiosa firma que escribe al pie de sus lienzos y que lleva la leyenda (la cual parece ser más una advertencia) que reza: "No Plagie". Incluso en ocasiones su figuración adopta un lenguaje erótico que ribetea con lo lúdico y perverso. Aún así, considero que Villazón no recae en el muchas veces común y decorativo arte pseudonaif, como varios de sus colegas contemporáneos en Bolivia que pretenciosamente intentan ser naif y no les resulta, porque a consecuencia de esta afanosa búsqueda terminan creando un "producto" demasiado prefabricado y muchas veces hasta de carácter comercial.

Las pinturas de Carmen Villazón muestran un particular universo establecido en un ambiente aparentemente tranquilo, sereno y despreocupado que nos describe tal cual somos sin poses, hipocresías ni falsos prejuicios imperantes. Sus creaciones resultan ser una búsqueda constante de la simplicidad para ofrecer así una visión sincera y exenta de artificios en un mundo cada vez más clónico, frívolo y superficial.

*Harold Suárez Llápiz es crítico e investigador de arte

Fonte: www.lostiempos.com